“Debemos pensar en el ciclo de vida de la energía”

Richard Engel, experto en energías limpias, recomienda el uso de sistemas de tecnología sencilla y de bajo costo para su aplicación en la zona rural. Foto EDH/Lissette Monterrosa

Por: Irene Fraile-Manterola

Aunque requieren una mayor inversión, las energías renovables se abren paso como una alternativa limpias para el medio ambiente. El especialista en tecnologías avanzadas sostenibles para la producción de energía, Richard Engel, se encuentra en el país para impartir un módulo en la Maestría en Gestión de Energías Renovables de la Universidad Don Bosco.

¿De qué hablamos al referirnos a energías renovables?

La energía renovable es energía que ya se está transformando de una forma a otra en el medio ambiente sin intervención humana, mientras que la energía no renovable consiste en yacimientos de energía, por ejemplo, carbón, mineral, petróleo, gas natural o uranio, materiales nucleares, que no cambian de forma sin intervención humana.

¿Cuáles son sus ventajas?

Contaminan menos. No existe una forma de energía sin impacto ambiental, pero buscamos la manera más sostenible, es decir, satisfacer las propias necesidades sin perjudicar la sobrevivencia de las generaciones futuras. Otra ventaja es que la energía renovable es, básicamente, inagotable si la aprovechamos de una manera sostenible. Por ejemplo con la biomasa, que consiste en materia orgánica, manejar desechos de las cosechas. Aquí, en El Salvador, una forma importante de la biomasa es la caña de azúcar.

¿Son viables las renovables?

Depende de muchos factores, pero últimamente estamos encontrando situaciones en que la energía renovable es más viable económicamente que la no renovable. Por ejemplo, en Estados Unidos, desde Texas al norte hasta Dakota del Sur y del Norte, se han encontrado lugares donde existe un buen recurso eólico. Es más viable construir una instalación eólica que una central térmica de carbón mineral o petróleo.

¿Realmente son más rentables?

Sí, pero depende mucho del contexto, de la situación económica del país, del estado de la tecnología. Hay también muchas escalas. Podemos instalar renovables tan sólo instalando unos paneles solares en el techo de una casa y la casa podrá satisfacer su propia necesidad energética. Eso no es viable con carbón mineral.

¿Eso es posible para el bolsillo de los salvadoreños?

Esa tecnología todavía es bastante cara y en términos de la instalación principal va a costar más que sólo conectarse a la red eléctrica y comprar la electricidad a la distribuidora eléctrica. Lo que debemos es cambiar nuestra manera de pensar en los aspectos económicos y pensar en el ciclo de vida de la energía. Si quiero calentar agua para bañarme, puedo comprar una ducha que cuesta unos 25 dólares, pero tengo que comprar la electricidad durante toda la vida de la ducha y ésta sólo durara un año y tendré que cambiarla. Si pensamos en un periodo de 10 ó 20 años, lo que vamos a gastar resulta más que invertir, tal vez cinco mil dólares, en un sistema de calentamiento de agua solar.

¿Cuánto inversión supondría abastecer toda la energía necesaria para un hogar?

Para un sistema eléctrico solar, hablamos de una inversión de unos ocho o diez mil dólares para un sistema de una familia de tres o cuatro personas. Un sistema de agua caliente puede ser mucho más barato porque la tecnología es mucho más sencilla. Hay sistemas artesanales en que la gente sólo invierte 200 ó 300 dólares.

¿Además de la solar, qué otras energías renovables podrían utilizarse en El Salvador?

Me interesa mucho la explotación de energías renovables para comunidades rurales, especialmente las que no tienen conexión con la red eléctrica o en las que la pobreza prohíbe mucho el uso de electricidad. El biogas es una tecnología muy económica (…). Sistemas que consisten en una gran bolsa de plástico, meten agua y estiércol de animales domésticos. La descomposición anaeróbica del estiércol produce metano, que es un gas que podemos usar en lugar de propano o gas natural. Eso se está haciendo aquí incluso a nivel doméstico. Familias que tienen dos o tres animales domésticos, como cerdos o vacas, recogen el estiércol y hacen suficiente gas para la cocina de la casa.

¿Qué hacer cuando muchos no tienen el capital inicial o desconocen estos sistemas?

Hemos luchado contra los mismos problemas en Estados Unidos y hemos encontrado algunas soluciones. Una es el subsidio del gobierno, por ejemplo en reducción de impuestos, inversión directa en los sistemas, en proyectos demostrativos o devolución de una parte de la inversión.

Las soluciones que van a ayudar más a El Salvador no son las tecnologías más avanzadas, sino las sencillas, apropiadas, que no cuestan tanto, no requieren tanta inversión, que cualquier persona puede aprender a mantener.

Más allá de la tecnología debemos pensar en nuestra manera de vivir. Los salvadoreños, como los estadounidenses, son bastante materialistas. Debemos pensar si de verdad necesitamos más centros comerciales para satisfacer nuestras necesidades, si tenemos que botar más bosque. Tenemos que integrar la ingeniería, las ciencias sociales, las ciencias económicas e, incluso, la filosofía para llegar a conclusiones que realmente van a funcionar a largo plazo.

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