La prohibición que no se cumple

A diez meses de entrada en vigencia, los obstáculos para la especie persisten.

Por: Lilian Martínez

— ¿Tiene huevos de tortuga?, susurra el comprador.

— ¿Cuántas docenas va a querer?, pregunta la mujer aburrida sentada junto a varios canastos y a quien, el potencial comprador, parece despertar. Él quiere una docena y ella se la ofrece por $6.

— ¿Y cuándo se los trajeron?

— Son frescos, de anoche. Pero debería llevar otra docena por $10. Miré, son menos frescos pero todavía sirven, se los doy a $4 porque no regateó.

En el Puerto de La Libertad, los vendedores informales saben que la ley prohibe la venta de huevos de tortuga y de cualquier otro derivado del quelonio. Cuando se les pregunta si tienen huevos, los comerciantes ubicados en el muelle, bajan los ojos, fruncen el ceño y advierten sigilosos: “Mire, eso está prohibido”. Pero si el interesado insiste y quiere saber dónde puede encontrar el vedado producto, no lo dejan a la deriva: “En la gasolinera, a la salida, por El Faro, ahí se ponen a vender”, informan.

Desde el 14 de febrero, la tenencia, venta y consumo de huevos de tortuga, así como de otros derivados de esta especie en peligro de extinción, está prohibida y puede ser penada con la cárcel y multas de entre 10 y 100 salarios mínimos. No obstante, y aunque 1 millón de huevos han sido recolectados y entregados a granjas de incubación desde entonces, la veda no se ha cumplido a un 100% y ha dado lugar un descarado mercado negros.

Mauricio Vásquez Jandres, coordinador de investigación del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología de la UES (Icmares) y miembro de la comisión que recomendó establecer la veda, reconoce: “Usted va a ciertos lugares –bares, incluso restaurantes– donde no se los presentan al público pero sí a una clientela selectiva se los consiguen por encargo”. El científico considera que no ha habido una aplicación efectiva de la ley . “Un caso ejemplar no hemos tenido. La gente no se lo toma en serio”, lamenta.

El sábado 28 de noviembre, mientras en la playa San Diego decenas de niños se disponían a liberar a unas 600 tortugas recién nacidas, en una parada de buses a la salida del puerto de La Libertad, una mujer ofrecía huevos de tortuga a orilla de la vía que conduce hacia la capital. Y la misma escena se repetía poco antes de la 1:00 a la vista de quienes esperaban que el semáforo pasara de rojo a verde, en la intersección de la Calle a San Antonio Abad y la Avenida Bernal en la capital.

Después de afirmar que no se había realizado decomisos ni capturas por irrespetar la veda, un agente de la PNC reconoció avergonzado: “La verdad, no los hemos perseguido”. El Diario de Hoy, solicitó al jefe de la División de Medio Ambiente el detalle de los decomisos de huevos de tortuga realizados, y al cierre de esta nota aún no se había obtenido respuesta.

Vásquez considera que “la esencia de la veda” no era perseguir a los vendedores ambulantes, sino a “los toponeros”, los grandes compradores de huevos que luego utilizan a comerciantes informales para ofrecerlos en calles y mercados de La Libertad, San Salvador, San Miguel y La Unión.

El mercado negro paga al instante

En el retorno del Puerto de La Libertad hacia San Salvador hay un punto de venta ilegal de huevos de tortuga. Foto/Marvin Recinos.

Milton trabaja como recolector de huevos y guía turístico en San Diego. Lo que recolecta lo lleva a la granja de incubación que USAID-DAI financió en esa playa. Aunque él y otros recolectores locales están conscientes de la importancia de respetar la veda para preservar la tortuga marina –una de sus fuentes de ingreso–, no ignoran que “otros” prefieren llevar los huevos a los toponeros, “para tener el dinero en la mano”. En el mercado negro se les paga contra entrega y en las granjas de incubación, se les apunta lo entregado y días después se les cancela.

Aunque los puntos de venta de huevos de tortuga son del dominio público, las autoridades policiales y la Fiscalía de Medio Ambiente no han abonado al cumplimiento de la veda. “La gente mira que no hay casos ejemplares (capturas)… No hay una aplicación efectiva de la legislación y sí tenemos un marco legal que da para eso”, considera Vásquez antes de aclarar que las autoridades deberían perseguir a los toponeros y a los minoristas, no a quienes recolectan los huevos de tortuga, pues si no tienen a quien vendérselos, no tendrán más remedio que llevarlos a los viveros.

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